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El empleado del mes

por Juan P. García

2:58 · Narrado por su autor

Dale play y el texto se va llenando con su voz. Toca cualquier palabra para escucharla desde ahí.

Deudas, gastos, necesidades de compra, la comida del niño, el pago de una hipoteca por encima de sus necesidades.

Por fin halló la forma. Por fin, un empleo digno, pago, que le aseguraría el mes, y es así como lo contrataron.

Más bien, es así como solicitó el empleo. «Sólo un mes, con un mes puedo salir adelante. Deme la oportunidad de probarme, y si no, me saca.»

Él, en su cabeza, pensaba que con el pago de ese mes, lograría saldar gran parte de sus deudas y tendría tiempo de encontrar algo más acorde a su personalidad; algo que por lo menos disfrutara.

¿Este empleo? Uno como contador, esos de oficina; con horario fijo, salario fijo, buenas prestaciones,

porque así se le llaman «prestaciones» al final, no son tuyas. Y te lo recuerdan, las están prestando, nada regalado.

En fin. Comenzó a trabajar como contador: de nueve a cinco, ¿o de ocho a cuatro? ¡De siete a tres! No sé, no recuerdo.

El punto es que comenzó su mes y, debido a la necesidad, a la energía que le sobraba de semanas de letargo, hizo un gran trabajo.

Un gran trabajo de contador, no recuerdo bien qué hacía, imagino que algún tipo de cuentas, sí, eso es lo que hacen los contadores.

Y bueno, casi terminaba el mes, y aguantó, y terminó el mes. Y le pagaron.

Le pagaron lo justo, lo que le habían dicho, lo que necesitaba para seguir y buscar algo más acorde a su personalidad, no dejarse morir en otro tipo de letargo.

Pero la verdad era que, la confianza que le daba el pago de ese mes; le había hecho gastar un poquito más. Algo así como tres o cuatro días más de trabajo.

Desafortunadamente no podía trabajar sólo tres o cuatro días, aceptó el siguiente mes. Esta vez, con el compromiso de no gastar nada adicional. Terminar el mes y vámonos.

Pero le echó ganas. Comenzó a crearse un nombre, una especie de reputación dentro del ambiente con los otros contadores.

Y sí, a mitad del mes, le ofrecieron dos meses más; claro, esos dos meses tenían un incremento, aproximadamente veinte o treinta por ciento más de lo que ganaba en el mes actual.

Intentó decir que no, tenía la idea clara.

De pronto, el bebé se enfermó.

Medicinas debieron comprarse; el gasto no considerado llegó, este era de seis días más.

No podía trabajar sólo seis días más; aceptó los dos meses.

El mes, el otro mes, los dos meses, otro mes;

el año, los años.

La vida.

La muerte.

Fin.

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