Nada
por Juan P. García
Dale play y el texto se va llenando con su voz. Toca cualquier palabra para escucharla desde ahí.
Años llevaba perfeccionando la técnica de no hacer nada. El proceso, la ropa, la manera en la que debía sentarse, las ideas que tenía que reprimir en su cabeza, los miedos y los dolores de mantenerse en una posición, una posición que debía cambiar sutilmente, por que si no, sí estaba haciendo algo: quedarse quieto.
No sabemos qué pasó o porqué comenzó, la realidad es que desde que empezó, tenía la idea clara de, poco a poco, llegar a mantenerse así la mayoría de las horas del día. Y no quería quitarse la vida, porque eso sería algo.
Se vestía con una sudadera gris de algodón, unos pants negros, también de algodón; usaba unas chanclas negras que sólo usaba cuando salía de su espacio, con unos calcetines, también negros. Y su rutina, difícil.
Lo más que había logrado hasta hoy, eran alrededor de nueve horas sin hacer nada. Se levantaba de un corto sueño, y se iba al banco en el que se sentaba, con los ojos abiertos, trataba de no pensar, y si pensaba, trataba de opacar esa idea con una imagen en negro, o blanco, o gris, su postura erguida, con las manos reposando en las piernas, y mirando a la pared blanca. Después de lograr las horas que podía, se levantaba y comía un par de verduras, una fruta, un pequeño pedazo de alguna proteína, bebía agua. Salía, para comprar más de eso mismo y regresaba.
Fue una de esas veces cuando salió que la miró. Y ella a él, y ella se acercó a hablarle, él, hablaba poco, pero a ella le gustó. Y comenzó una historia en la que nada, ahora se transformaba en algo. Y asi, por unos meses, su rutina comenzó a disminuir. Por que la veía, y gozaba de verla, y hacían cosas juntos, y conversaban. Poco a poco fueron enamorándose cada vez más, él comenzaba a pensar en algún trabajo, fue a pedir el empleo de pianista en un bar de jazz, era lo mejor que sabía hacer y pagaban buen dinero. Imaginaba, veía un futuro, pensaba, utilizaba su imaginación, y cada día la amaba con más fuerza.
Su vida había cambiado.
Desafortunadamente, recibió una llamada.
Ella, había tenido un accidente. La habían atropellado, quedó como vegetal, no podía hacer nada: casi no lograba dormir, pero no se movía, estaba recostada, pero no descansaba, pensaba, pero no sabían si lograba mantener algún pensamiento. Comía por un tubo y, por supuesto, no hablaba.
Él, que buscaba la nada, lo había encontrado todo, y regresado nuevamente, a la nada.
Fin.
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